Se marcha la primavera, se marchan las golondrinas,
Se marchó la Luna Lorquiana y con ella la esperanza.
La noche negra silenciosamente oscura como el pecado,
Un agresivo crack, el choque de dos metales fríos
La humedad de unas lágrimas abre el nuevo día
Los grandes muros de piedra granítica,
Son el féretro de todas las ilusiones de los muertos vivientes
Mi Dulcinea tiene alas y ni los muros hacen cárcel, ni los barrotes celdas
Una niña amorosa sueña en la lejanía, no con juguetes
Si no con su amiguito el Niño Jesús, a él le reza, con fe y esperanza.
La hierba crece salvajemente, las rosas se marchitan en el huerto,
Mas las espinas se aferran al tallo, tal cual la esperanza a mi locura
Pasan muchas Lunas, muchos Ortos, más el sol rompe los amaneceres
Le grito al Cielo, le imploro, le suplico y le mendigo,
Yo se que cuanto más negra sea la noche
Mejor se ven las estrellas,
Una breve estrella fugaz me saluda, tan fugaz como bella
La esperanza habita en mis ojos, desde el Faro de Corrubedo
Le grito al horizonte, al viento fiel amigo le pido transporte mis deseos,
A la celda donde habita mi Dulcinea.
Rompo mis pulmones hasta herir el viento, y le grito:
Podrán cortar todas las flores del parque, pero jamás, jamás acabaran con la Primavera |